Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994)
Nicholas Georgescu-Roegen

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Óscar Carpintero

La BioEconomía de Georgescu-Roegen

Montesinos, 2006

Nicholas Georgescu-Roegen (1906-1994) es el economista ecológico más importante del siglo XX. Su amigo Paul Samuelson (Nobel de Economía) dijo de él que era "el erudito entre los eruditos, el economista entre los economistas". Tendiendo puentes entre economía, termodinámica, y biología, surge su bioeconomía, rama conocida posteriormente como Economía Ecológica. Las propuestas de Georgescu-Roegen no son sólo para los presidentes y ministros de economía, sino que también son para que tomen nota los empresarios responsables y los ciudadanos concienciados, porque da argumentos científicos para actuar siguiendo los consejos verdes, como los de la conocida Cadena Verde. Georgescu-Roegen ofrece argumentos científicos para las famosas 3 erres, para aprovechar al máximo los recursos, desde los calcetines, al coche, el ordenador, o un lápiz. La clave es simple: Austeridad, i.e., ahorro energético y ahorro material.
La Ley de la Entropía y el Proceso Económico

Breve Biografía de Georgescu-Roegen
Nace en Rumanía, a orillas del mar Negro, hijo de un militar suspendido por denunciar la corrupción de uno de sus superiores, lo cual le dejó tiempo para educar a su hijo. La muerte de su padre cuando tenía 8 años podría haber sido el fin de su formación, pero un profesor de primaria consiguió mostrarle la belleza de las matemáticas, hasta licenciarse en la Universidad de Bucarest. Termina su doctorado en estadística en Paris con sólo 24 años. Viaja y trabaja también por Londres y EE.UU. conociendo a importantes economistas y le surge la posibilidad de trabajar en la Universidad de Harvard, pero él decide volver a su Rumanía para ayudarla en la difícil situación por la que atravesaba, ostentando diversos cargos políticos que le alejaron de sus reflexiones científicas pero que le obligaron a ver la realidad de la vida cotidiana de su país, y en la que aprendería que en la Rumanía agraria "eran totalmente inaplicables las enseñanzas recibidas en Harvard" sobre economía. Con la Segunda Guerra Mundial se ve obligado a abandonar Rumanía y consigue volver a EE.UU., donde podría haber aspirado a un puesto en Harvard, pero opta por una Universidad más modesta. Fue discípulo del renombrado economista Joseph Schumpeter, y uno de sus discípulos fue el famoso economista ecológico Herman E. Daly.
«La economía moderna está enferma (...), el rigor analítico tal como se entiende en los departamentos de matemáticas lo son todo y la relevancia empírica (tal y como se entiende en los departamentos de física) no es nada» (Mark Blaug, 1998).
Diferencias entre agricultura e industria según Georgescu-Roegen: Usan distinto espacio, requieren distinto tiempo, tienen distinto ritmo, y usan distintas fuentes energéticas (la agricultura depende sólo del sol obligatoriamente).
PRINCIPIOS DE LA TERMODINÁMICA
1. Principio de Conservación de la energía: La energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma.
2. Ley de la Entropía: En la transformación de la energía, siempre hay parte de la energía que se degrada y que se pierde para el aprovechamiento humano. Esto impide volver al estado original con igual cantidad de energía (irreversibilidad).
3. Ley de Nernst: Es imposible alcanzar una temperatura igual al cero absoluto (-273,15 °C).
4. Ley de Georgescu-Roegen: La materia disponible se degrada de forma continua e irreversiblemente en materia no disponible de forma práctica (extensión del segundo principio, pues ya Einstein dio la relación entre materia y energía).
Georgescu-Roegen: La baja entropía (desorden) es condición necesaria, pero no suficiente, para que una cosa tenga valor (relación similar a la establecida entre precio y valor: Muchas cosas valiosas no tienen precio). Alta entropía supone poca energía aprovechable.
En palabras de Carpintero: "El proceso económico comenzaría con el consumo de recursos de baja entropía procedentes del medio ambiente y terminaría en la contaminación del entorno con residuos de alta entropía". Si además, "los bienes también acaban desechándose" tras ser utilizados, el resultado es un rápido crecimiento de la entropía y, por tanto, escasez.
NOTA: No tiene sentido hablar de "producción y consumo de energía": La energía no se produce sino que se hace aprovechable, y no se consume sino que se utiliza (haciéndola no aprovechable).

Georgescu-Roegen fue un eminente científico ortodoxo, autor de trabajos de reconocido prestigio y en los que demostró dominar con soltura las herramientas matemáticas y los supuestos típicos de la economía "académica". Desde finales de los años 60, Georgescu-Roegen inicia una ruptura con la economía ortodoxa criticando sus métodos y sus absurdas suposiciones, criticando que lo que se enseña en las facultades de economía es falso, pues sólo funciona haciendo suposiciones que no se cumplen en la vida real. Como ejemplo, tenemos que la economía tradicional trabaja con una simplificación del ser humano, ya que el ser humano en su esencia es más complejo de las fórmulas que son capaces de formular. Así surge el llamado Homo oeconomicus (también criticado por el Nobel de Economía A.K. Sen), una simplificación del ser humano que se mueve mecánicamente por intereses egoístas, y al margen del contexto social y cultural, visto como un consumidor insaciable y perfecto por la teoría del consumo. Romper con esa simplificación, le costó a Georgescu-Roegen ser ignorado por sus colegas, los cuales, rehuyeron el enfrentamiento intelectual con este economista, que sabían que estaba bien formado. A eso también contribuyeron su crítica a la función de producción (que oculta elementos fundamentales como el agotamiento de los recursos naturales, las desigualdades...) y a la absurda pretensión de predecir el futuro económico con modelos econométricos, así como su ataque contra la dogmática creencia de que la libertad de precios es la mejor forma de asegurar una distribución racional de los recursos entre todas las generaciones. Con las matizaciones que se quieran, Georgescu-Roegen criticaba que en muchos casos, en vez de sugerir teorías para explicar los hechos, se simplifican y amoldan los supuestos, para que puedan ser tratados por las herramientas económicas (se falsea la realidad para acomodarla a los supuestos). Lo más grave es que, según Carpintero "esta práctica tiene ya una larga historia y sigue gozando de plena vigencia en las facultades de economía".

Su obra cumbre es el libro "La Ley de la Entropía y el Proceso Económico" (1971), en el que muestra la fractura entre teoría y realidad económica, un auténtico envite a los cimientos de la economía neoclásica. Pero Georgescu-Roegen estudia mucho más, como los aspectos de distintos tipos de economías, llegando a 3 condiciones para que una población o aldea se mantenga cohesionada en una tierra concreta: a) Que haya equilibrio entre necesidades y recursos, b) Que los recursos estén próximos, y c) Que no haya superpoblación, lo cual impide la sostenibilidad. La lógica del mercado falla: En Rumanía, el tractor no era visto como superior a los animales de tiro, porque para pagar el combustible y las reparaciones tenían que vender más producción de la que los animales necesitan. Además, tenían que seguir manteniendo los animales para su transporte. Finalmente, aparece el sinsentido de utilizar maquinaria mientras en la aldea hay mano de obra desocupada, lo que conlleva a que parece que desde la ciudad sólo se quiere maximizar el rendimiento del campo, para aumentar su parasitismo.

"La Ley de la Entropía y el Proceso Económico", libro fundacional de la Economía Ecológica y base de la teoría del decrecimiento económico, es una "crítica de la epistemología mecanicista y sus limitaciones", aplicando a la economía las leyes de la termodinámica, especialmente el Segundo Principio (ver cuadro adjunto). Para Carpintero es "un libro de gran erudición, cuya lectura requiere calma y concentración, y que impresiona por el vasto abanico de temas que atiende" (filosofía, física, biología, matemáticas, economía, o historia de la ciencia).

Georgescu-Roegen criticaba que se enseñara «que el proceso económico es sólo un movimiento circular (...) autosuficiente entre los sectores de la producción y del consumo» (todo lo producido es consumido y viceversa). Pero como dijo De Jouvenel en su fantástico libro, todo lo que consumimos procede de la Naturaleza y, depende de ésta. Los indicadores "cuantitativos" usados para medir la evolución del sistema (como el Producto Interior Bruto, PIB), "no distinguen la diferente naturaleza cualitativa de los bienes" (véase el resumen del libro de De Jouvenel para una acertada crítica del PIB). Según Carpintero, el economista rumano era "consciente de que la ciencia económica no podía seguir razonando mecánicamente y permanecer de espaldas a las restricciones ecológicas que delimitaban los procesos económicos de producción y consumo": Como en las ciencias naturales, hay un límite físico, y las leyes de la termodinámica establecen ciertos límites. Georgescu-Roegen resaltó la importancia de la Ley de la Entropía: «De no ser por esta ley, podríamos usar la energía de un trozo de carbón una y otra vez»: «No habría verdadera escasez de energía y bienes materiales». La termodinámica enseña que es imposible producir una mercancía sin generar un residuo equivalente en forma de materia y energía degradadas. Como la energía y los materiales no se pueden crear ni destruir, lo que entra en forma de factores productivos, tiene que salir forzosamente como mercancías y residuos. Por increíble que parezca, los modelos mecanicistas partían de la igualdad entre producción y consumo, sin pérdidas de energía ni materiales, es decir, sin residuos ni contaminación. No obstante, Georgescu-Roegen sabía que el verdadero objetivo del proceso económico no debería ser un flujo físico de materia y energía, sino el disfrute de la vida.

José Manuel Naredo: El proceso económico "responde al afán de enriquecimiento y de acumulación de poder de algunos (...) y puede ir en detrimento del 'disfrute de la vida' de la mayoría (p.e., fabricación deseada de armamentos, provocación de obsolescencia prematura, aditivos que generan dependencia o trastornos (...), contaminación, daños ambientales y peligros para la salud). Precisamente porque el proceso económico no sirve a la meta de 'enriquecimiento de la vida', sino a la del enriquecimiento pecuniario de algunos, es una máquina tan potente de generar entropía o, si se quiere daños ambientales (...).
Creo que el problema ambiental está estrechamente relacionado con esa finalidad descarriada del proceso económico".

Citas de... Georgescu-Roegen:
  • «Los fenómenos económicos ciertamente no son independientes de las leyes físico-químicas que gobiernan nuestro medio ambiente».
  • «La humanidad es como una familia que consume unos suministros limitados que hay en la despensa y arroja los inevitables desperdicios en un cubo de basura finito (...). La contaminación no es un pasatiempo inventado por los ecologistas».
  • «Es imposible un crecimiento exponencial indefinido en un medio ambiente que es finito».
  • «La Ley de la Entropía fija un límite definido a la eficiencia que puede alcanzar el progreso tecnológico. La tecnología más avanzada no puede obtener de un pedazo de carbón más trabajo útil que la energía libre contenida en él y, en verdad, ni siquiera eso» (algo similar puede decirse siguiendo la "cuarta ley" con respecto a los materiales).
  • «La economía debe ser una rama de la biología (...). Somos una de las especies biológicas de este planeta, y como tal estamos sometidos a todas las leyes que gobiernan la existencia de la vida terrestre».
  • Herman Daly: "históricamente, el hombre ha vivido el 99% de su existencia en la Tierra en condiciones muy próximas a un estado estacionario. El crecimiento económico es esencialmente un fenómeno de los pasados 200 años, y sólo en los últimos 50 se ha convertido en el objetivo fundamental de las naciones. El crecimiento es una aberración, no la norma" (Economics, ecology, ethics, 1980).
    Richard H. Tawney: "Lo práctico para un viajero que no está seguro de su camino no es el avance más rápido posible en la dirección errada, sino la manera como podría encontrar el camino correcto" (1920).

    Georgescu-Roegen llamó «dogma energético» a la preocupación por la energía, suponiendo erróneamente que los materiales no son un problema (podrían reciclarse eternamente teniendo energía suficiente). En esta errónea línea están los científicos Brooks y Andrews con su texto de 1974 y, más recientemente Lomborg (2001). «El proceso económico (como cualquier proceso físico) se alimenta también de materia disponible» (además de energía, pues como dijo De Jouvenel ahora somos más ricos "porque estamos explotando el mundo" físico). Georgescu-Roegen definió entonces la "cuarta ley de la termodinámica" que ya había sido formulada por el célebre termodinámico Mark Zemansky (ver recuadro adjunto) que formaliza el hecho de que las máquinas se desgastan, y la materia disipada es prácticamente imposible recuperarla totalmente: El reciclaje nunca puede ser completo. Kozo Mayumi (1995) afirmó que "la escasez de recursos minerales establece un límite a la supervivencia de la humanidad sobre este planeta". Esto demuestra científicamente que el crecimiento económico sostenido es sencillamente una forma temeraria de adelantar una especie de suicidio colectivo involuntario.
    El crecimiento económico no es la solución a los problemas económicos, y es la principal causa del problema ambiental.

    El Informe Meadows, "Los Límites del Crecimiento" (1972) indicó que se alcanzarían los límites planetarios en "los próximos cien años", provocando "un súbito e incontrolable descenso tanto de la población como de la capacidad industrial". También indicó que era posible modificar la tendencia y que cuanto más pronto se haga... mejor. El problema es una población muy numerosa y creciente, además de crecientemente consumista. El Informe Meadows fue criticado por economistas que trabajaban de espaldas a los límites de la Naturaleza, tales como Robert Solow, o Wilfred Beckerman, entre otros. Las críticas se centran básicamente en la no consideración del progreso tecnológico y la sustitución de unos materiales por otros, lo cual no resuelve el problema, sino que lo retrasa. Otra crítica es que el informe olvidó que los precios controlarían el agotamiento, pero esta teoría de precios funciona bien sólo bajo unas condiciones. También criticaron que los Meadows asumieran un crecimiento exponencial, pero Georgescu-Roegen descalificó a esos críticos ya que ese tipo de crecimiento era también asumido por ellos en sus escritos, incluso también en el crecimiento de la tecnología. Basándose en su cuarto principio de la termodinámica, Georgescu-Roegen duda la posibilidad del estado estacionario, polemizando incluso con su discípulo Herman Daly, el cual proponía un estado estacionario como la mejor alternativa al desarrollo humano y que acabaría conociéndose como Desarrollo Sostenible, basado en estas premisas: Población humana constante, un conjunto de material físico (artefactos) constante, y reducir la utilización de energía y materiales al mínimo. Incluso el Papa Benedicto XVI, en su encíclica "Caritas in Veritate" (2009) abogó por un consumo responsable y pidió a los países industrializados una reducción en su consumo energético.

    Herman Daly critica la "manía del crecimiento", es decir, confiar toda la solución de los problemas económicos de la humanidad (pobreza, paro, inflación, contaminación...) al aumento de la producción de bienes materiales, sin caer en la cuenta de las negativas consecuencias sociales y ambientales: "Producir más y más bienes para más y más gente, en un mundo sin fin (...) no sólo no es posible, sino que tampoco es deseable" (1977).

    Efecto Rebote: Los avances científicos en eficiencia y ahorro energético son estupendos, pero según Carpintero "existe bastante evidencia acumulada de que las ganancias en eficiencia se saldan normalmente con aumentos en el consumo". Mayumi et al. decían que las innovaciones tecnológicas en eficiencia se pueden usar de dos formas: Para mejorar el nivel de vida, o para reducir la degradación ambiental. Concluían que "los humanos siempre eligen la primera solución". Radermacher decía que el efecto rebote es una trampa en la cual estamos cayendo desde los albores de la revolución industrial.

    Para Daly "satisfacer una necesidad" es "buscar lo suficiente y no lo máximo". Aunque reconoce que "el concepto de 'suficiente' es difícil de definir, es más difícil de negar". Para conseguir el necesario estado estacionario, Daly explica cómo hacerlo a base de controlar la natalidad y los recursos materiales-naturales, algo en lo que coincide con Georgescu-Roegen: «el tamaño deseable de la población es aquel que pueda ser alimentado únicamente a través de la agricultura orgánica» (ecológica). La conclusión de Georgescu-Roegen es clara: «El estado más deseable no es un estado estacionario sino un estado en decrecimiento. Sin duda, el crecimiento presente tiene que cesar o, más aún, cambiar de signo». Ni siquiera los avances científicos para ahorrar son positivos, debido al "efecto rebote" (ver recuadro).

    Georgescu-Roegen opinaba que el hombre violó los límites biológicos fabricando máquinas (órganos externos o exosomáticos), aprovechando, como diría De Jouvenel, las fuerzas fósiles del subsuelo, e influyendo en la desigualdad. Georgescu-Roegen nos recuerda también que esos artefactos proceden de la corteza terrestre y que existe una adicción incurable de la humanidad hacia los instrumentos exosomáticos más inútiles, lo que demuestra que el problema no es de satisfacción de necesidades, sino directamente el mantenimiento de la especie humana sobre este planeta. Georgescu-Roegen aclara que «las ventajas de la mecanización son incuestionables», pero «tales ventajas no dejan de tener un precio». Georgescu-Roegen no es contrario a la tecnología, sino que resalta la necesidad de reflexionar sobre sus aplicaciones para distribuir bien los finitos recursos del planeta, entre todas las generaciones. El problema es tan complejo que concluye algo extraordinariamente triste y preocupante, pero lo argumenta de forma intachable: «todo niño nacido ahora significa una vida humana menos en el futuro. Pero también, que todo automóvil Cadillac producido en cualquier momento significa menos vidas en el futuro». El factor limitante no es la finita energía solar, sino los recursos naturales de nuestro planeta. No obstante, a él le preocupa el poco uso industrial de la energía solar y el problema de los residuos, proponiendo seriamente cerrar los ciclos de materiales (ley de las 3 erres).

    Políticas que propone Georgescu-Roegen, muy resumidamente:
    1. Reducir el consumo, y esta austeridad debe aplicarse principalmente a tierras de abundancia. Debería controlarse de forma estricta el consumo de energía (el uso de la bicicleta y el vegetarianismo son dos estupendas herramientas... la producción de carne es muy costosa en energía, espacio y materiales: véanse los 12 problemas del consumo de carne).
    2. Que una organización internacional gestione y administre unos recursos mundializados (propuesta realizada en la Asamblea Alternativa a la Cumbre de Estocolmo en 1972), alejándose de la ineficaz política del "libre mercado", ya que las generaciones futuras no pueden acudir a ese mercado (si las generaciones futuras demandaran recursos, subirían los precios y la generación actual gastaría menos). La política óptima es comportarse como si la humanidad en su conjunto fuera inmortal aunque el individuo no lo sea (se da la paradoja de que el individuo no debe suponerse como inmortal para evitar acaparar más materiales de los que precisa: ropa, tecnología...).
    3. Prohibición del armamento de guerra, calificado como despilfarro, mediante un pacto entre las naciones productoras.
    4. Fomentar una ayuda internacional sin exportar de los países ricos los modos de vida que son intolerables a escala planetaria.
    5. Disminución gradual de la población hasta el nivel que pueda alimentarse con el producto de agricultura ecológica (la revolución verde extendió el uso de fertilizantes, plaguicidas y herbicidas químicos con importantes costes ambientales).
    6. Evitar la fabricación de mercancías inútiles con alto coste ecológico (prohibiéndolas o, al menos, reduciendo su publicidad). Los ciudadanos de los países ricos deben ser conscientes de los "crímenes bioeconómicos" que suponen actos como cambiar de coche o de teléfono frecuentemente, redecorar sus casas... Es preciso superar las modas, orientar la fabricación hacia productos de alta duración, y facilitar la reparación de los bienes (no tirar unos zapatos por un cordón roto): Sacar el máximo partido a todo lo que usamos.
    7. Trabajar para vivir y no lo contrario (superar el síndrome de la maquinilla de afeitar: Nos afeitamos rápido para tener tiempo para trabajar en una máquina que afeite más rápidamente...).

    Georgescu-Roegen no estaba solo en esta batalla, aunque murió sin tener el reconocimiento que mereció. Cada vez más científicos y economistas reconocen su camino, y trabajan para conseguir un mundo mejor, con un comercio más justo y más ético: Nebel y Wrigth, Araújo, Sagan, Galeano, Riechmann, Singer, o De Jouvenel, entre otros muchos (véanse algunas interesantes obras resumidas en resumelibros.tk). Georgescu-Roegen ofrece argumentos científicos para seguir los consejos ecologistas, como la buena síntesis que aparece en la Cadena Verde: www.cadenaverde.tk.
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    Bibliografía Adicional:


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